
Tics malditos, piensa. Lo pisaría para que se quede quieto. La detiene que sea una escena repetida, la de siempre. Y eso la tranquiliza. Sigue. A su ritmo, bien desencajada. Él la mira y como si nada, sigue. Su movimiento cada vez se hace más intenso e insostenible. No hablan. Beben cerveza y fuman. La situación es ridícula, como ellos mismos. Ella hojea una revista de moda, mientras él le toca con el pie la pierna y más arriba. Ella responde y le agarra el paquete. Directo al grano. Nada de preámbulos por hoy. Se putean y gritan cochinadas, con la mirada. Al ritmo de tics imprecisos, se corren mano. Juegan a ser malos amantes. Y se calientan. La cosa no es color de rosa. El sexo es el sexo. No hay más esta noche.
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