lunes 24 de diciembre de 2007

Nada. No pasa Nada.



Dejé medio botado el boliche. A la intemperie. Incluso he pensado en abandonarlo para siempre. Y declararlo clausurado por sequía mental. El calor y muchas horas de ocio me anduvieron quemando las neuronas. Y me vino esta sequía mental, que dura hasta hoy y que ha hecho que pierda las ganas de escribir. He tratado de ver cómo salgo de este embrollo. Pero de veritas, poco y nada he hecho. Tampoco tengo ganas. De nada. Lo que se llama N A D A. He visitado libros de autoayuda que me trae mi vecina con olor a muerto saliendo de sus axilas. Pero son un asco y patéticos, al igual que ella. Más me decaigo. Así que ahí están tirados (hace una semana están en el mismo lugar, inmóviles, marcando la hora). No piensen que ando deprimida por la vida y que es un efecto del fin de año. Para nada. Estoy en mi mejor momento. Eso creo.

Escucho música. Demasiada. Spinetta lo he escuchado mil veces. Ha sido mi compañero, al igual que Einstürzende Neubauten, The Residents, David Bowie y últimamente Tijuana Christmas. Ya sé que algunos dirán qué tiene que ver Ein… Neubauten con Tijuana Christmas. Mucho o nada, les respondo altiro. Depende de cómo me haya levantado. Hoy no les encuentro nada en común. Mañana sí. Pasado no.Estoy para que me golpeen. Así estoy. Paseando, como si fuera mi casa, de un extremo a otro. En familia. No todo ha sido en vano. También he leído las Historias de Amor de Robert Walser y el último libro de poesía de Yanko González. Buenísimos. Sin embargo, mis ganas de escribir no están y pareciera que no aparecerán nunca más. Y de reportear, menos. Una amiga dice que simplemente es flojera lo que me sucede. Nada más. Y eso, dice, tiene una solución práctica y simple que todos conocen y que no quiero escribirla porque no creo en esa solución práctica y simple que todos conocen. Yo no apostaría a eso. Prefiero pensar que es un período de hibernación mental y así me quedaré. Espero no contagiarlos. Sorry de antemano. Bye.

La verdad es que hoy pasa el Viejito Pascuero y me llegó una tarjeta del mismísimo Agustín Edwards y su esposa deseándome felices fiestas. Me da susto saber cómo se consiguieron mi dirección. También me da susto acordarme que una vez lo conocí en persona, me saludó de beso y me corrí para dejarlo con el saludo en la boca. Disfruté con mi gesto. Recuerdo que ese día en el diario salimos a la hora del níspero por culpa del viejo gagá. No recuerdo nada más. Y eso que estuve un día entero con él. En todo caso, agradezco este período de hibernación mental que me prohíbe hacerlo.


Pd: En la inigualable página Don Francisco y Usted, me publicaron el artículo que escribí para la reciente Teletón titulado "La sufrida historia de Bernardo Adrián" y que publiqué en este mismo blog. Echen un vistazo aquí.


Y...¡Feliz Navidad!

sábado 8 de diciembre de 2007

Alabanza a Diciembre





Y llegó diciembre. Yo todavía estoy en marzo, entrando al primer semestre del magíster en comunicación, recagándome de calor en Santiago y reporteando como una loca de atar. No me acostumbro todavía a que termine el año y llegue el 2008. Es que acaso alguien se imaginó alguna vez que llegaríamos a una fecha de ciencia ficción. Creo que nadie que haya nacido el siglo pasado. Los niños de éste, piensan mejor en jugar. Yo haría lo mismo. Aunque no me acostumbre todavía, me agrada este mes de balances, de día de los inocentes, del amigo secreto y del último día nadie se enoja. Disfruto de ir a las tiendas, que vomitan villancicos por los parlantes, para meterme entremedio de señoras que se pelean la última bicicleta rosada o el único par de zapatos número 36 que va quedando (no sé por qué pero casi todas calzamos lo mismo). Parece un campo de batalla, en el que todos se pelean los últimos víveres.Todas esas cabezas gritan en sus celulares y protegen al mismo tiempo sus carteras del amigo de lo ajeno. El termómetro marca temperaturas increíbles y yo sin mi bloqueador me derrito. Nadie aguanta. No hay estacionamientos libres. Una locura. Es el mismísimo infierno, que todos creen ser dueños en estos días.
En fin. En noche de paz, todos quedan contentos. Es como si se hicieran millonarios de la noche a la mañana con sus regalos y dejaran de ser miserables. Son el centro del universo. El mundo está a sus pies, hasta que se dan cuenta que el cajero automático les consumió completamente la tarjeta de plástico. Y hasta ahí nomás llegamos.
Ahí comienza el sentido religioso de la pascua.Y nuestros padres nos recuerdan que estamos grandes, el PASCUERO NO EXISTE y no estamos para regalos. "Festejemos el nacimiento del niño Dios con toda la familia. Nada más es importante", nos terminan diciendo.

“Para mi no hay nada más espiritual que los regalos. Los regalos son siempre un milagro; no hay nada más espiritual que un milagro, nada más espiritual que convertir el absurdo dinero en juguetes, ropa y libros, en algo perfectamente superfluo, completamente artificial” (la cita la robé un día como éste y no recuerdo a quién corresponde).