
Dejé medio botado el boliche. A la intemperie. Incluso he pensado en abandonarlo para siempre. Y declararlo clausurado por sequía mental. El calor y muchas horas de ocio me anduvieron quemando las neuronas. Y me vino esta sequía mental, que dura hasta hoy y que ha hecho que pierda las ganas de escribir. He tratado de ver cómo salgo de este embrollo. Pero de veritas, poco y nada he hecho. Tampoco tengo ganas. De nada. Lo que se llama N A D A. He visitado libros de autoayuda que me trae mi vecina con olor a muerto saliendo de sus axilas. Pero son un asco y patéticos, al igual que ella. Más me decaigo. Así que ahí están tirados (hace una semana están en el mismo lugar, inmóviles, marcando la hora). No piensen que ando deprimida por la vida y que es un efecto del fin de año. Para nada. Estoy en mi mejor momento. Eso creo.
Escucho música. Demasiada. Spinetta lo he escuchado mil veces. Ha sido mi compañero, al igual que Einstürzende Neubauten, The Residents, David Bowie y últimamente Tijuana Christmas. Ya sé que algunos dirán qué tiene que ver Ein… Neubauten con Tijuana Christmas. Mucho o nada, les respondo altiro. Depende de cómo me haya levantado. Hoy no les encuentro nada en común. Mañana sí. Pasado no.Estoy para que me golpeen. Así estoy. Paseando, como si fuera mi casa, de un extremo a otro. En familia. No todo ha sido en vano. También he leído las Historias de Amor de Robert Walser y el último libro de poesía de Yanko González. Buenísimos. Sin embargo, mis ganas de escribir no están y pareciera que no aparecerán nunca más. Y de reportear, menos. Una amiga dice que simplemente es flojera lo que me sucede. Nada más. Y eso, dice, tiene una solución práctica y simple que todos conocen y que no quiero escribirla porque no creo en esa solución práctica y simple que todos conocen. Yo no apostaría a eso. Prefiero pensar que es un período de hibernación mental y así me quedaré. Espero no contagiarlos. Sorry de antemano. Bye.
La verdad es que hoy pasa el Viejito Pascuero y me llegó una tarjeta del mismísimo Agustín Edwards y su esposa deseándome felices fiestas. Me da susto saber cómo se consiguieron mi dirección. También me da susto acordarme que una vez lo conocí en persona, me saludó de beso y me corrí para dejarlo con el saludo en la boca. Disfruté con mi gesto. Recuerdo que ese día en el diario salimos a la hora del níspero por culpa del viejo gagá. No recuerdo nada más. Y eso que estuve un día entero con él. En todo caso, agradezco este período de hibernación mental que me prohíbe hacerlo.
Pd: En la inigualable página Don Francisco y Usted, me publicaron el artículo que escribí para la reciente Teletón titulado "La sufrida historia de Bernardo Adrián" y que publiqué en este mismo blog. Echen un vistazo aquí.

